Hijos míos, ya son grandes hombres, quizá de niños se sintieron incomprendidos, que les quede claro, que siempre los tratamos de educar, con todo el inmenso amor que les tenemos. Ahora, para bien o para mal, hemos seguido actuando, en ocasiones, arbitrariamente, por lo menos así lo sienten ustedes, pero nadie nos enseñó a ser padres, el amor le indica a uno el camino, unos, lo entendemos de un modo, y otros de otro, así lo aplicamos nosotros, y no nos fue mal. ¡Estamos muy orgullosos de ustedes! Pero pueden mejorar, eso es lo bueno de ser crítico, lo que a uno no le gusta, de otra persona, uno no lo repite, sino que trata de ser diferente, ¡y si da resultado!
Que el amor los impulse a ustedes, a mejorar en nuestros errores, sean los mejores hermanos entre sí, traten de ser mejores personas con los que les rodean, pero principalmente, ¡mejores esposos y excelentes padres! Que no los ciegue el amor, para corregir las faltas, pero corríjanlas con amor. Dios los bendiga siempre, a ustedes y a quienes les rodeen, y ustedes no se olviden de Dios.
Colaboración de Mary
México
